Introducción

Una perspectiva de la internacionalizacion

DOI: https://doi.org/10.36888/udual.universidades.2020.84.115



Los paralelismos entre América Latina y Asia son muchos. Si nos fijamos en lo que ha pasado a nivel de integración económica, podemos darnos cuenta que las dos regiones, a pesar de sus distancias y de sus diferencias, han seguido caminos similares, pero con resultados distintos.

En América Latina, los primeros intentos de integración económica se iniciaron en los años sesenta del siglo pasado, 76 con el origen de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio y del Mercado Común Centroamericano, en 1961. Con la creación de estas instituciones se esperaba que la integración económica avanzara mediante un aumento de las exportaciones e importaciones entre los países de la región en el total de sus balanzas comerciales (Hosono, 2001).

Sin embargo, el comercio al interior de América Latina no se puso en marcha de la manera en la que se esperaba y todo quedó en papel mojado. La región del este de Asia, que no construyó instituciones de este tipo hasta mediados de los años noventa del siglo pasado, realizó una transformación rápida de sus intercambios comerciales internos, logrando así una integración económica sustancial y, por ende, una regional mucho más avanzada que la que existe en América Latina.

Tales procesos contrastantes de la unificación económica en el este de Asia y América Latina fueron el foco de la investigación pionera, de la ONU-CEPAL, en 1993, y estudios posteriores, que sostienen que existen dos diferentes patrones de procesos integracionistas. En el primer caso, la creación de instituciones para promover la fusión, o la integración de jure, mediante el establecimiento de tratados de libre comercio bilaterales, la creación de uniones aduaneras multilaterales y el establecimiento de áreas de libre comercio. Una vez establecidos estos mecanismos de unificación económica, se desencadena una expansión del comercio intrarregional, acompañada de sus respectivas inversiones.

El segundo patrón de integración económica regional es aquel en el que incluso sin haber establecido instituciones dedicadas a buscarla, el comercio de la región se expande de manera autónoma, lo que se denomina como integración de facto. Kuwayana (1993), sin embargo, argumentó que la integración económica regional sería impulsada cuando existiese complementariedad y sinergia entre las de jure y de facto.

Las integraciones económicas regionales de América Latina y de Asia resultaron en la creación del tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre México, Canadá y Estados Unidos, así como de una mayor integración de los países miembros la Asociación de Naciones del Sureste de Asia (ANSEA) en la región Asia-Pacífico, a través de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). Estos ejemplos de instrumentos de regionalización económica marcaron los mercados de los países que los suscribieron.

México basó su economía en proveer los productos que necesitaban sus vecinos del norte, especialmente Estados Unidos, a través de maquilas y la exportación de petróleo. En el Sureste de Asia pasó algo similar, países como Vietnam o Tailandia se especializaron en maquilar productos para las potencias regionales como Japón, Taiwán o Corea del Sur.

Estas dependencias económicas llevaron a que las universidades también buscaran aliarse de manera similar con sus semejantes en los países con quienes sus economías tuvieron mayores intercambios comerciales. Así, las universidades mexicanas han concretado parte de sus estrategias de internacionalización con universidades europeas, canadienses y estadounidenses. De forma casi paralela, las universidades asiáticas han basado gran parte de sus maniobras con países como China, Japón, Taiwán, Corea del Sur, Europa, Estados Unidos y Australia.

Estos procesos han logrado que la interacción y la cooperación entre las universidades asiáticas y latinoamericanas sean muy limitadas en comparación a los contactos que existen entre instituciones de educación superior de ambas regiones con sus contrapartes europeas o estadounidenses.

Además, el mundo se encuentra en un periodo de cambio dramático. La globalización de las economías, sociedades y culturas de los últimos treinta años se ha visto parada en seco a causa del brote de la Covid-19 originado en Wuhan, China, en diciembre 2019. Por el momento, los países se encuentran sumidos en una lucha nunca antes vista para contener la propagación del virus en sus poblaciones. Muchos países han cerrado sus fronteras, los vuelos comerciales se han reducido en alrededor del 95% a nivel mundial y las cadenas de producción se han visto afectadas a causa de estas medidas dramáticas. Es difícil saber el precio que tendrá esta paralización de las economías a nivel nacional, regional y mundial, o cómo se verán afectadas los planes de las instituciones de educación superior del mundo entero.

Sin embargo, la diversidad cultural entre las regiones de América Latina y Asia, así como las particularidades de cada país, ofrecen oportunidades enormes de cooperación a las instituciones de educación superior que busquen expandir sus horizontes de internacionalización fuera de las potencias educativas de cada región. Bolivia, Perú, Centroamérica y el Caribe pueden compartir sus experiencias en la integración de pueblos originarios dentro de sus sistemas educativos nacionales, mientras que países como Tailandia y Vietnam pueden aportar mucho con sus experiencias en la producción agrícola y el manejo de recursos naturales.

Este número de Universidades busca mostrar algunos ejemplos de cooperación entre Asia y América Latina. Dado el tamaño de ambas regiones, y el número de instituciones de educación superior en cada una de ellas, ésta no es más que una pequeña recopilación de esfuerzos en torno a la educación superior para facilitar el contacto y conocimiento entre ambas regiones.

Para abrir, el artículo de Pablo Henri Ramírez analiza la gestación y establecimiento de los procesos de integración académica regional en el Sureste de Asia como en América Latina, dada la necesidad global de poder formar estudiantes para que puedan ejercer sus profesiones en cualquier país del mundo.

El segundo artículo, de Gerardo Tanamachi y Sylvie Didou, presenta la panorámica de los intercambios universitarios entre Japón y México, a través del estudio de los indicadores de movilidad estudiantil y de los convenios existentes. Este análisis permite entender de qué manera las instituciones de educación superior de cada país se benefician de estos acuerdos de cooperación e internacionalización.

En el tercer artículo, Manuel Montalbán y María Auxiliadora Durán, presentan un caso concreto de internacionalización con la creación de un programa de estudios coreanos por parte de la Universidad de Málaga. Dicho programa está basado en una perspectiva transversal de la internacionalización que mezcla estrategias diferentes. Todo esto en triangulación con las universidades latinoamericanas que cuentan con programas similares, contribuyendo al diálogo ibero-latinoamericano-asiático.

Finalmente, el artículo de Juan Felipe López Aymes, Renato Balderrama y Ana Karen Velázquez, presenta el programa e-School de la Fundación Corea y su implantación en universidades de América Latina. Este programa ha sido la solución con la cual Corea del Sur ha buscado satisfacer la demanda al interés por parte de universidades de todo el mundo en proponer contenidos educativos sobre dicha cultura, mediante la creación de una plataforma académica virtual, que permite la enseñanza y promoción del estudio de Corea en universidades públicas o privadas.

De estos cuatro casos se podrá obtener, aunque sea, una percepción de los procesos que se están llevando entre Asia y América Latina a nivel educación superior, para que pueda existir un diálogo y una cooperación académica entre las dos regiones. Vivimos en un mundo de incertidumbres a causa del Coronavirus y de la crisis económica que le va a seguir, sin embargo puede ser la oportunidad de diversificar no solo las relaciones comerciales de cada país, sino también las relaciones académicas con el resto de países que conforman Latinoamérica, el Caribe y Asia.

Pablo Henri Ramírez, coordinador.

 

Referencias
Hosono, Akio (2001), “Asia-Pacific Economic Cooperation (APEC) and the Free Trade Area of the Americas (FTAA): Possibilities of Trans-Pacific Cooperation.” Saavedra-Rivano, Neantro, Akio Hosono, and Barbara Stallings (eds.) (2001).
Kuwayama, Mikio (1993), “Regionalización abierta de América Latina para su adecuada inserción internacional.” Documento de trabajo (No.20). UN-ECLAC.