El momento que viven las universidades, como organizaciones del conocimiento y libertad de pensamiento, enfrenta un desafío de época: construir un modelo relacional con equidad en los géneros y de las identidades sexuales. El tema es trascendente en tanto obliga a nuestras universidades a repensarse desde sus actores, considerando que las diferencias identitarias no constituyen factores de discriminación o riesgo de convivencia. Por el contrario, los patrones hegemónicos que diferencian los roles de género por profesiones han signado la inequidad e instalado un imaginario que no corresponde a sus realidades.

Publicado: 2018-09-01